viernes, 12 de noviembre de 2010

Reflexiones en torno al rol actual de REM

Algunas inquietudes surgen con motivo de la presentación del documento “Diálogos sobre el trabajo en el mes de la solidaridad”, preparado por el equipo de área social del Obispado de Ancud, y resultado de las cuatro mesas de diálogo realizadas en el mes de agosto con actores sociales,  con motivo de la situación en materia de cesantía, desarrollo, medioambiente y otros temas tan presentes en nuestro territorio.

La lectura del informe no es neutra, y de principio a fin es en la línea de la autocrítica y el cuestionamiento acerca del rol que está cumpliendo hoy nuestra fundación en los procesos sociales que se evidencian en el texto.
           
En efecto, nuestra misión definida en nuestros estatutos es evangelizar, es decir contribuir al diálogo entre las personas desarrollando su sentido crítico acerca de la modernidad y los procesos que les afectan.

Pues bien, les pregunto sin más rodeos, en el trabajo que estamos realizando actualmente en FREM, ¿cuánto aportamos al sentido crítico de nuestros hermanos?; ¿cuántas herramientas de diálogo les entregamos que les permitan poner en el debate público sus necesidades y demandas?

El informe preparado por el equipo del área social menciona que nuestro sínodo diocesano actual nos invita a escuchar a nuestros hermanos. En ese ejercicio de escucha aparecen como prioridades la cesantía insoportable de muchos; el devastador uso de los recursos naturales de nuestra zona como son el mar y los bosques; la crisis de la familia ante la situación laboral de sus integrantes, el alcohol, la violencia, la pobreza, la tristeza, el desamparo. Se menciona la falta de escolaridad de los adultos, y la escolaridad de los jóvenes como algo irrelevante para los empleadores que no requieren de mano de obra calificada para labores operarias básicas. Que desaliento. La realidad de las organizaciones de trabajadores es crítica pues los trabajadores no se unen a sindicatos aún cuando las demandas les son comunes.

El texto concluye mirando la situación histórica de reivindicación territorial de los pueblos indígenas y finalmente la distancia de las autoridades en todas estas materias.

Es como si el tiempo no pasara. Las demandas son las mismas de siempre. ¿Qué ha pasado? Peor, ¿qué hacemos como fundación para trasformar la realidad? Tenemos dos opciones: o “colgamos los botines”, o nos hacemos cargo y nos preguntamos uno a uno, cuanto de esto estamos enfrentando en nuestro trabajo cotidiano.

Parece inconcebible que no exista una solución para el problema del “desarrollo sustentable”. Es impresentable que sigamos deforestando nuestros bosques para calentarnos, sin solución. Peor aún es que salgan camiones llenos de leña de la isla grande para ser consumidos fuera. Los planes de manejo son inexistentes. En el mar pasó lo mismo. Es ridículo el que en la mesa de diálogo se asuma que antes del auge de la industria salmonera estábamos tan pobres como hoy, después de toda la explotación. Y, peor, hoy ya no existen los recursos. Es exactamente lo contrario al desarrollo. No estamos igual que antes. Estamos peor.  Entonces, como el ser humano no va ha poder recoger el papel que tira al suelo; el cigarro; el bosque que talamos en diez años y que no crecerá antes de cien. Ayúdenme a juntos aportar a trasformar esta realidad desalentadora.

El desarrollo debe ser razonable. Solo será desarrollo si desarrolla. Qué ridículo suena. Si se ubica una industria o muchas en nuestro territorio, bienvenidas. Darán trabajo y nos permitirán tener mejores recursos materiales y naturales. No puede ser de otra forma. La industria que se ubique en nuestro territorio debe cumplir sin excepción todos los requisitos técnicos para que no afecte el medio ambiente. Sino, no es desarrollo.

Nuestra Fundación debe entregar herramientas para un diálogo inteligente con el desarrollo. Debe iluminar a los trabajadores en sus derechos; a las mujeres dejarles guiar; a todos debemos educar, capacitar. A los williches debemos acompañarlos en todo diálogo que les permita recuperar lo perdido y resguardar el patrimonio amenazado. Al empresario debemos acompañarlo en su proceso productivo, mostrándole aquello que tal vez no puede ver, y a entrar en diálogo con su comunidad, con su entorno, con el medio ambiente.


La Fundación Radio Estrella del Mar debe transformar nuestro territorio. Hagámoslo juntos.